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La dimensión de los falsos valores

La dimensión de los falsos valores

Dinero, bellas mujeres, automóviles de súper lujo, mansiones que parecen salir de un mundo de fantasía, son en la actualidad las imágenes que conviven con los niños de muchos países, adolescentes y jóvenes; son el marco perfecto para desarrollar en sus vulnerables conciencias, el deseo por conseguir a través de cualquier medio, el placer que pueden provocar el poder, la irreverencia y la notoriedad. Si bien, la juventud durante los diferentes bloques históricos de la humanidad se ha caracterizado por manifestarse con rebeldía, rechazando normas establecidas, pero proponiendo nuevos valores en la búsqueda de subsanar las brechas generacionales, actualmente es difícil entender cuál es su posición en esta sociedad, tan pragmática y utilitaria, tan masificada y masificante, cuyas contradicciones culturales se reflejan hacia el interior de muchos hogares e instituciones educativas, donde pareciera que los roles de autoridad o supervisión se han invertido.

Los hijos que aprendieron a ser obedientes el día de ayer, son padres obedientes el día de hoy. Esto no es una máxima, pero sí es una realidad en muchos hogares, aunque los contextos de una generación a otra han sido diferentes, el punto de coincidencia se establece en la manera que los jóvenes pretenden evadir el principio de autoridad. Algo estamos haciendo mal los adultos o algo hemos dejado de hacer. Es una verdadera pena el ver los noticieros en televisión o leer las notas del periódico fundamentalmente en sociedades de consumo en los que se hace referencia a jovencitos que asaltan establecimientos comerciales, que golpean a sus padres o algunos otros que provocan riñas en sus escuelas para grabarlas y subirlas a determinadas páginas de Internet ; jóvenes que pertenecen a familias respetables, que acuden a instituciones educativas donde crean el conocimiento y practican formas de convivencia sustentadas en un sistema de valores considerado positivo. De igual manera triste, los accidentes en los cuales han perdido la vida muchachos y muchachas en plena flor de la edad, convertidos en víctimas del arrebato, del impulso y de la complacencia del mundo de los adultos.

Pero mucho más allá, será fundamental, el retomar o reforzar el rol de guía de nuestros hijos,  dialogando, estrechando los lazos de afecto, de comprensión, con tolerancia mas sin complacencia, con el firme propósito de disminuir la dimensión de los falsos valores de nuestra juventud, rescatando el respeto, la honestidad, la responsabilidad y los buenos hábitos, como pilares de una educación que garantice los diferentes proyectos de vida de las nuevas generaciones. Porque la educación es tarea de todos… hagámosla.

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